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Documento BOE-A-2001-5559

Resolución 14 de febrero de 2001, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, en el recurso gubernativo interpuesto por "Grany Fruits, Sociedad Civil Particular", contra la negativa del Registrador de la Propiedad de Lleida, número 2, don Enrique Carbonell García, a inscribir una escritura de compraventa, en virtud de apelación del Sr. Registrador.

Publicado en:
«BOE» núm. 69, de 21 de marzo de 2001, páginas 10558 a 10562 (5 págs.)
Sección:
III. Otras disposiciones
Departamento:
Ministerio de Justicia
Referencia:
BOE-A-2001-5559

TEXTO ORIGINAL

En el recurso gubernativo interpuesto por el Procurador de los

Tribunales, don Francisco Lucas Rubio Ortega, en nombre de "Grany Fruits,

Sociedad Civil Particular", contra la negativa del Registrador de la

Propiedad de Lleida, número 2, don Enrique Carbonell García, a inscribir

una escritura de compraventa, en virtud de apelación del Sr. Registrador.

Hechos

I

El 25 de julio de 1996, mediante escritura de compraventa autorizada

por el Notario de Lleida, don Urbano Álvarez Merino, Grany Fruits,

Sociedad Civil Particular" adquirió dos fincas agrícolas, fincas registrales

números 85 y 29N de los Registros de la Propiedad de Lleida, números 2

y 3, respectivamente.

II

Presentada copia de escritura en el Registro de la Propiedad Lleida,

número 2, fue calificada con la siguiente nota: "No admitido a registración

el precedente documento por el siguiente motivo: la sociedad civil carece

de personalidad jurídica a los efectos de detentar una titularidad inscribible

en el Registro de la Propiedad, motivo que es de denegación, no procediendo

tomar anotación preventiva. Lleida, a 19 de diciembre de 1996. El

Registrador de la Propiedad." Firma ilegible.

III

El Procurador de los Tribunales, don Francisco Rubio Ortega, en

nombre de "Grany Fruits, Sociedad Civil Particular", interpuso recurso

gubernativo contra la anterior calificación, y alego: Que la Sociedad Civil

Particular Grany Fruits, fue constituida el 25 de junio de 1996, mediante

documento privado. El contrato fundacional se presentó el 27 de junio

de 1996 a liquidación del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales,

modalidad operaciones societarias, que le fue asignado el número 406167/1996,

quedando una copia depositada en la Delegación Territorial de Economía

y Finanzas. El objeto social de la entidad consiste según la cláusula tercera

"La actividad agrícola y ganadera, en fincas propiedad de los socios de

la sociedad, o cedidas en arrendamiento o en aparcería". La sociedad tiene

asignado el número de identificación fiscal G/25.372.426 y causó alta en

el censo de actividades de A.E.A.T. en Lleida, en donde depositó una copia

del contrato fundacional, y es una empresa que interviene en el tráfico

exterior y/o con sus relaciones con terceros, bajo la denominación de

Grany Fruits, S.C.P. y un número de identificación fiscal y domicilio social.

Que teniendo en cuenta lo que dicen los artículos 35.2, 36, 38 y 169 del

Código Civil, se señala que la sociedad Grany Fruits contrata con terceros

en su propio nombre ; la administración se halla atribuida a dos

administradores (cláusula 14 del contrato fundacional) ; los pactos de la sociedad

no se mantienen secretos ; el objeto social es la actividad agrícola y

ganadera ; no es de carácter irregular, puesto que no está su constitución

obligada a escritura pública, y la conducta y desenvolvimiento lo ha sido

con base a las normas reguladoras del Código Civil. Que el enunciado

negativo del artículo 1.669 del Código Civil, parte de una base general:

una agrupación de personas es sociedad siempre que se den los requisitos

del artículo 1.669 del Código Civil. Que si la sociedad actúa en el tráfico

poniendo de manifiesto su existencia y sin ocultarse, resulta evidente que

la sociedad Grany Fruits posee personalidad jurídica. Que la legislación

fiscal corrobora la existencia de sociedades civiles con o sin personalidad

jurídica, cuya regulación se halla en el Código Civil. Que del artículo 1.669

se desprende que la publicidad requerida para el reconocimiento de

personalidad jurídica de las sociedades civiles, es la mera publicidad de hecho,

conforme lo declara la doctrina.

IV

El Registrador de la Propiedad en defensa de su nota, informó: Que

en cuanto al objeto de la sociedad, tradicionalmente se ha excluido del

ámbito mercantil la actividad agropecuaria con base en el artículo 326

del Código Civil, pero en la segunda parte del citado artículo 326, se

excluyen supuestos que de otro modo caerían bajo la definición de compraventa

mercantil del artículo 325, de ahí que proceda interpretarlos

restrictivamente, refiriéndolos a los "bienes de consumo" y no a los de uso o cambio,

cuyo tráfico siempre constituye compraventa mercantil. Esto se reafirma

con la regulación actual del fenómeno asociativo en el campo, que en

la práctica se nutre con las Cooperativas y Sociedades Agrarias de

Transformación que tienen un régimen jurídico específico ; por lo tanto, no cabe

excluir con carácter general la actividad agropecuaria del ámbito mercantil.

Que a esto se suma la amplitud del objeto de la sociedad, lo que permitiría

que en un momento cualquiera de su actividad social, realice una amplia

actividad mercantil. Por otro lado, hay que tener en cuenta la existencia

de socios capitalistas, que únicamente buscan obtener un rendimiento

al capital aportado, a ellos no se les podrá aplicar la excepción de bienes

de consumo ; pues para ellos se trataría de mercaderías objeto de tráfico.

Que partiendo de la base de que es insuficiente para eludir la aplicación

de las normas mercantiles, la voluntad expresa de los socios de crear

una sociedad civil porque las normas mercantiles son de carácter

imperativo, se considera que en el presente caso se trata de una sociedad

objetivamente mercantil que debe someterse en su constitución a la citada

normativa y, por tanto, al no haberse constituido según la misma, no tiene

personalidad jurídica. Que en segundo lugar, y en caso de no apreciarse

el carácter objetivamente mercantil de la sociedad, la norma civil (artículo

1.667 del Código Civil), exige el otorgamiento de escritura pública cuando

se aporten bienes inmuebles o derechos reales, como puede ser el uso ;

además y para evitar el fraude de ley consecuente, y dado el principio

de titulación pública exigido en el Registro de la Propiedad, al comprar

a posteriori un inmueble, o un derecho real, se deberá aportar al Registro

de la Propiedad junto con la citada compraventa, el documento constitutivo

de la sociedad civil, que en el caso de ser privado deberán los constituyentes

elevarlo a escritura pública, para probar la constitución de la sociedad

civil en su acceso al Registro de la Propiedad y hacer público sus pactos

(artículo 1.669 del Código Civil) mediante la publicidad del Registro, ya

que el otorgamiento de la escritura no determina tal publicidad, pues su

efecto son "inter partes".

V

El Notario autorizante de la escritura informó: Que suscribe

íntegramente las alegaciones de la parte recurrente y afirma la plena personalidad

jurídica de la sociedad civil adquirente en la escritura calificada, de acuerdo

con las disposiciones legales citadas, y por tanto, la plena eficacia de

la misma.

VI

El Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, revocó

la nota del Registrador, fundándose en el artículo 1.669 del Código Civil,

interpretado a "contrario sensu", y en que así lo sostiene la doctrina civilista

que ve en ella una persona jurídica, del tipo asociación, comprendida

en el artículo 35.2 del mismo Código, y siendo ello así no se atisba el

inconveniente de una titularidad dominical ni su acceso al Registro de

la Propiedad.

VII

El Registrador apeló el auto presidencial, manteniéndose en sus

alegaciones, y añadió lo que dice la Resolución de 31 de marzo de 1997.

Fundamentos de Derecho

Vistos los artículos 22 y 53 de la Constitución ; 35, 36, 38, 1.218, 1.219,

1.230, 1.278, 1.280, 1.462, 1.665, 1.667, 1.668, 1.669, 1.670, 1.679, 1.697,

1.698 y 1.699 del Código Civil ; 1, 2 y 9 de la Ley Hipotecaria; 2, 116

a 120 y 152 del Código de Comercio ; 15 y 16 de la Ley de Sociedades

Anónimas ; 11, 14, 87.2, 91.1 y 92.1 de la Ley de Sociedades de

Responsabilidad Limitada ; 1, 7.2 y 22.1 de la Ley de Agrupaciones de Interés

Económico ; 51 y 383 del Reglamento Hipotecario; 222 del Reglamento del

Registro Mercantil ; las Sentencias del Tribunal Supremo de 10 de

noviembre de 1978, 30 de mayo de 1992, 27 de mayo de 1993, 31 de mayo de

1994, 8 de junio de 1995, 12 de julio de 1996 y 6 de julio y 27 de noviembre

de 1998 y 24 de febrero de 2000 (ésta de la Sala Tercera) ; y las Resoluciones

de 28 de junio de 1985, 25 de abril de 1991, 13 y 20 de mayo de 1992,

25 de marzo y 25 de agosto de 1993, 31 de marzo, 1 y 30 de abril y

11 de diciembre de 1997, 23 de febrero de 1998 y 15 de febrero de 1999.

1. En el presente expediente se debate sobre si determinada sociedad

civil puede figurar como titular registral de un inmueble, cuando resulta

lo siguiente: a) La sociedad fue constituida en documento privado ; b) En

la compraventa que se trata de inscribir en el Registro de la Propiedad

son dos de los socios -que ostentan la cualidad de administradores

solidarios- los que contratan en nombre de la sociedad con el vendedor e

invocan, al efecto, la certificación del acuerdo de la junta general universal

de dicha sociedad civil expedida por los referidos socios en su calidad

de presidente y secretario respectivamente, e incorporada a la escritura

calificada (en ésta se expresa que la sociedad fue constituida en documento

privado) ; c) El Registrador de la Propiedad deniega la inscripción

solicitada porque, a su juicio, "la sociedad civil carece de personalidad jurídica

a los efectos de detentar una titularidad inscribible en el Registro de la

Propiedad" ; d) En su preceptivo, informe, el Registrador alega que, con

posterioridad a la calificación, se aportó al Registro por primera vez el

documento privado de constitución de la sociedad, en el que consta la

aportación de bienes inmuebles a la misma.

2. Limitado el recurso gubernativo a las cuestiones relacionadas

directa e inmediatamente con la calificación del Registrador expresada en la

correspondiente nota (artículo 117 del Reglamento Hipotecario), no cabe

entrar ahora (con la salvedad que resulta de las consideraciones que se

expresarán en el último fundamento de derecho) en las objeciones que

aquél invoca no en dicha nota, sino en su preceptivo informe relativas,

una al carácter objetivamente mercantil de la sociedad, con la

correspondiente sumisión de su constitución a la legislación del mismo carácter,

y la otra a la exigencia de que la constitución de la sociedad conste en

escritura pública, en aras del principio de titulación pública que rige en

el Registro de la Propiedad.

3. La cuestión sobre la que ha de decidirse ahora es idéntica a la

ya resuelta, con profusión de argumentos, mediante la Resolución de 31

de marzo de 1997 (y, después, en el mismo sentido por la de 11 de diciembre

de 1997). No obstante, se considera oportuno revisar tales argumentos

-que no han quedado exentos de profundas controversias en la doctrina

científica y en la práctica notarial y registral- para determinar si procede

mantener o corregir el criterio entonces seguido.

4. Según la mencionada Resolución de 31 de marzo de 1997, "Una

primera consideración a tener en cuenta es la de la trascendencia "erga

omnes"" de la atribución de las personalidad jurídica, en tanto que cuestión

que no se circunscribe a la esfera meramente interna de los constituyentes

del nuevo ente, sino que afecta principalmente a los terceros, al tráfico

jurídico, al orden social en definitiva. Ello, unido a la categórica

formulación del número 2 del artículo 35 del Código Civil, impone una primera

e inequívoca premisa: para que la sociedad civil tenga personalidad jurídica

es preciso que una disposición legal, formulada en términos positivos,

así se le conceda". A continuación, añade la Resolución que "Se produce

esa concesión legal, de manera directa y positiva, respecto de las sociedades

civiles que adoptan alguna de las formas reconocidas en el Código de

Comercio, y se ajustan al rigor que este Código establece para la

constitución legal de las sociedades mercantiles (la exigencia de escritura

pública e inscripción en el Registro Mercantil) ; la aplicación, por imperativo

del artículo 1.670 del Código Civil, del párrafo segundo de los

artículos 116 y 119 del Código de Comercio, en tanto que normas de este Código

que no contrarían lo dispuesto en el Código Civil, así lo evidencian" ;

mientras que "Para las restantes sociedades civiles, en cambio, ni hay una

previsión legal que de, modo preciso y directo, les atribuya la personalidad

jurídica, ni tal conclusión puede deducirse del artículo 1.669 del Código

Civil".

Al exigir, para que la sociedad civil tenga personalidad jurídica, que

haya una formulación legal en términos positivos, de suerte que se excluya

la interpretación a contrario sensu del artículo 1.669 del Código Civil,

la Resolución incurre en una petición de principio, pues esa premisa es

la que ha de ser objeto de demostración.

Por lo demás, la tesis según la cual únicamente gozan de personalidad

jurídica las sociedades civiles con forma mercantil que se hallen inscritas

en el Registro Mercantil había sido apuntada sólo por un tratadista,

ciertamente prestigioso, y contradice el criterio que durante más de cien años

había prevalecido en la práctica. Cuestión distinta es que algunos autores

propugnaran "de lege ferenda" el establecimiento de un medio de publicidad

legal, y concretamente la que proporciona dicho Registro.

Aun dejando al margen las consecuencias que podrían derivarse del

artículo 22 de la Constitución en orden al reconocimiento de la

personalidad jurídica de las asociaciones en sentido amplio, entre las cuales

han de incluirse las sociedades (cfr. Sentencias del Tribunal Constitucional

23/1987, de 23 de febrero, y 96/1994, de 21 de enero), y del que cabría

inferir que han de ser los condicionantes y restricciones del derecho de

asociación, y no la concesión de dicha personalidad a los entes asociativos,

los que se formulen de manera expresa y clara, lo cierto es que, conforme

al artículo 36 del Código Civil, las asociaciones de interés particular a

que se refiere el artículo 35.2 se regirán por las disposiciones relativas

al contrato de sociedad, "según la naturaleza de éste", es decir, según

sea civil o mercantil el contrato ; por ello, el reconocimiento de su

personalidad se ha de buscar en la regulación positiva acogida en dicho cuerpo

legal (con independencia de que hubiera sido otra la prevista en el

Anteproyecto), sin que pueda concluirse, como hace la Resolución de 31 de

marzo de 1997, que la concesión legal directa y positiva de tal personalidad,

así como su regulación, ha de encontrarse en el Código de Comercio, por

imperativo del artículo 1.670 del Código Civil. Así, de la correcta

interpretación del mencionado artículo 36 resulta que las disposiciones del

Código Civil relativas al contrato de sociedad serán aplicables a las

asociaciones de interés particular que sean civiles, a las que se refiere el

artículo 35.2, de modo que es este último precepto el que debe interpretarse

a la luz del artículo 1.669 del mismo Código y no a la inversa.

Por otra parte, es indudable que existen disposiciones legales que

presuponen la personalidad jurídica de las sociedades civiles aunque no

revistan forma mercantil ni se hallen inscritas en el Registro: según el

artículo 87.2 de la Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada, "cuando

el objeto de la sociedad de responsabilidad limitada no sea mercantil podrá

transformarse en sociedad civil" ; conforme al artículo 91.1 de dicha Ley,

la personalidad jurídica de la sociedad que se transforma no cambiará

y continuará subsistiendo bajo la forma nueva ; y con arreglo al

artículo 92.1 siguiente, la transformación de sociedades civiles en sociedades

de responsabilidad limitada "no afectará a la personalidad jurídica de la

sociedad transformada" (cfr. artículo 222, apartados 1 y 3, del Reglamento

del Registro Mercantil, que, al establecer que se presentará la escritura

de transformación en dicho Registro para cancelar los asientos relativos

a la sociedad de responsabilidad limitada transformada, presupone que

la sociedad civil resultante de la transformación goza de personalidad

jurídica aunque no se halle inscrita en el Registro Mercantil).

A mayor abundamiento, según la interpretación de los artículos 116

a 120 del Código de Comercio hoy predominante en la doctrina científica

y la jurisprudencia del Tribunal Supremo, ni siquiera respecto de las

sociedades civiles por su objeto que revistan forma mercantil puede mantenerse

que carezcan de personalidad jurídica antes de su inscripción en el Registro

Mercantil ("vide infra").

5. Debe ahora entrarse en análisis de los argumentos en que se funda

la Resolución de 31 de marzo de 1997 para negar que la personalidad

jurídica de las sociedades civiles que no adopten alguna de las formas

reconocidas en el Código de Comercio pueda deducirse del artículo 1669

del Código Civil: "Pretender derivar de este artículo la personalidad jurídica

de la sociedad civil supondría, por una parte, aceptar que existe un "tertium

genum" entre las sociedades civiles a las que se refiere el artículo 1.670

del Código Civil (esto es, las sociedades civiles inscritas en el Registro

Mercantil) y la sociedades cuyos pactos se mantienen reservados entre

los socios ; y por otra, que la sola negación de la personalidad jurídica

de estas últimas implica el reconocimiento de la personalidad jurídica

de todas las demás. Ahora bien, ninguna de estas permisas es aceptable ;

esta última, porque los categóricos términos del artículo 35.2 del Código

Civil difícilmente armonizan con la derivación de la personalidad jurídica

de la sociedad civil a partir de un precepto formulado en términos negativos

y de carácter fragmentario ; y la primera, por cuanto existen importantes

argumentos para entender que las sociedades cuyos pactos se mantienen

reservados entre los socios son precisamente las sociedades civiles que

no se inscriben en el Registro Mercantil...". Respecto de la primera de

las mencionadas premisas no es necesario reiterar las consideraciones

expresadas anteriormente en el precedente fundamento de derecho ; y en

cuanto a la identificación entre las sociedades cuyos pactos se mantienen

reservados entre los socios y las sociedades no inscritas, es preciso

examinar pormenorizadamente los razonamientos en que se pretende

fundamentar dicho criterio:

A) El argumento sistemático: "... sobre no ser coherente supeditar

la personalidad jurídica de las sociedades mercantiles a su inscripción

en un Registro público y prescindir de tal exigencia para la personificación

de las sociedades civiles sin forma mercantil, cuando tan similares son

las repercusiones que para el tráfico tienen la personificación de unas

y otras, el artículo 119 del Código de Comercio, aplicable por remisión

a determinadas sociedades civiles, al precisar que los pactos dejan de

ser reservados entre los socios cuando se consignan en escritura pública

y se inscriben en el Registro Mercantil, está indicando ya que las sociedades

contempladas en el artículo 1669 del Código Civil no pueden ser sino

todas las que no se inscriban en el Registro Mercantil (no deja de ser

significativa a este respecto, la dicción del párrafo tercero del

artículo 119 del Código de Comercio, así como los términos de la Exposición

de Motivos de este Código cuando refiriéndose a las sociedades, señala

que "el Registro Mercantil constituye la "única" prueba de su existencia

jurídica y de su verdadero estado civil").

En la actualidad (y como consecuencia de la evolución iniciada con

la tesis que otro insigne tratadista mantuviera en 1951 sobre las sociedades

irregulares), para la mayoría de la doctrina y para el Tribunal Supremo

(cfr., por todas, las Sentencias de 8 de junio de 1995 y 27 de noviembre

de 1998), no se puede mantener que una sociedad mercantil no inscrita

carezca de personalidad jurídica.

Asimismo, de ciertos preceptos legales de reciente promulgación resulta

que las sociedades mercantiles en formación e irregulares gozan de

personalidad jurídica -o, al menos, de cierta personalidad, suficiente para

adquirir y poseer bienes de todas clases, así como contraer obligaciones

y ejercitar acciones, conforme al artículo 38, párrafo primero del Código

Civil [cfr. artículos 15 y 16.2 de la Ley de Sociedades Anónimas, a los

que remiten los artículos 152 del Código de Comercio y 11.3 de la Ley

de Sociedades de Responsabilidad Limitadas ; artículo 7.2 de la Ley de

Agrupaciones de Interés Económico ; igualmente, resultaba ya del tenor

del artículo 116, párrafo segundo, del Código de Comercio, resulta ahora

de los artículos 1 y 22.1 de la mencionada Ley de Agrupaciones de Interés

Económico, que no condicionan la atribución a éstas de personalidad

jurídica a su inscripción registral. La inscripción en el Registro Mercantil

sólo es necesaria para que las sociedades de capital adquieran "su" especial

personalidad jurídica (artículos 7.1, párrafo primero, i.f. de la Ley de

Sociedades Anónimas y 11.1 i.f. de la Ley de Sociedades de Responsabilidad

Limitada) que añade la limitación de responsabilidad de los socios ; y para

excluir la responsabilidad solidaria de los administradores (junto a la de

la propia sociedad), conforme al artículo 120 del Código de Comercio (cfr.,

también el artículo 7.2 de la Ley de Agrupaciones de Interés Económico:

"Los administradores responderán solidariamente con la Agrupación por

los actos y contratos que hubieran celebrado en nombre de ella antes

de su inscripción")].

Mantener que toda sociedad -con forma mercantil- no inscrita carece

de personalidad jurídica es, en cierto sentido, contradictorio con la doctrina

de esta Dirección General sobre otras cuestiones. Así, según las

Resoluciones de 13 y 20 de mayo de 1992, aun después de la cancelación

registral de la sociedad "persiste todavía la sociedad como centro residual

de imputación en tanto no se agoten totalmente las relaciones jurídicas

de que la sociedad es titular... Como no hay obligación sin deudor es

claro que en estos casos persiste una cierta personalidad...". También han

de tenerse en cuenta las Resoluciones relativas a la interpretación de la

disposición transitoria sexta de la Ley de Sociedades Anónimas y a la

posibilidad de reactivación de la sociedad disuelta de pleno derecho, según

las cuales, la cancelación de los asientos registrales de la sociedad no

implica la extinción de la personalidad jurídica de la sociedad (cfr., por

todas, la Resolución de 15 de febrero de 1999).

Por otra parte, el artículo 1.669 del Código Civil, al negar personalidad

jurídica a "las sociedades cuyos pactos se mantengan secretos entre los

socios, y en que cada uno de éstos contrate en su propio nombre con

terceros", no puede referirse a las sociedades en que se mantengan

reservados algunos pactos, sino a las sociedades que no se muestra como tal

frente a terceros, por mantenerse secreta u oculta entre los socios, como

mero vínculo contractual entre éstos. Además, para excluir la personalidad

jurídica de la sociedad se exige que no se haya configurado un régimen

de gestión determinado, según las disposiciones que puedan haberse

estipulado en el contrato social y las disposiciones legales de la sociedad,

con mecanismos específicos de representación en nombre de un nuevo

ente, sino que cada socio contrate en su propio nombre (y debe advertirse

que la contratación en nombre de la sociedad como tal no requiere

imprescindiblemente que aquélla goce de publicidad registral).

El artículo 119, párrafo tercero, del Código de Comercio al que se

refiere la Resolución ("Los socios no podrán hacer pactos reservados, sino

que todos deberán constar en la escritura social"), y aunque se enuncie

en el precepto que alude a las formalidades constitutivas, tiene su

precedente en los artículos 287 y 288 del Código de Comercio de 1829, que

expresaban la regla que posteriormente cristalizaría en el artículo 6 de

la Ley de Sociedades Anónimas de 1951 y en artículo 7.1, párrafo segundo

de la de 1989, así como en el artículo 11.2 de la Ley de Sociedades de

Responsabilidad Limitada (según los dos últimos preceptos citados, "Los

pactos que se mantengan reservados entre los socios no serán oponibles

a la sociedad"), en una regla que atañe fundamentalmente a las relaciones

entre los socios (actuales y futuros) y entre éstos y la sociedad.

Por lo demás, sin entrar ahora en otros medios por los que la sociedad

puede manifestarse "ad extra", desde que los pactos sociales consten en

escritura pública no puede entenderse que se trate de pactos reservados

(cfr. artículos 1.218, 1.219 y 1.230 del Código Civil) y así resulta

meridianamente del propio párrafo tercero del artículo 119 del Código de

Comercio, en tanto en cuanto contrapone pactos reservados de los socios

y pactos sociales que deberán constar en la escritura pública.

Por lo que se refiere a los términos de la Exposición de Motivos del

Código de Comercio que se citan en la Resolución, no pueden los mismos

separarse del texto consecutivo en aquélla, según el cual "el proyecto...

sustituye la necesidad que hoy existe de practicar la inscripción dentro

de un plazo fijo y perentorio, bajo cierta multa, por la libertad de inscribir

o no los documentos, sin otra sanción que la de quedar privado el acto

o contrato de ciertos beneficios y ventajas que se conceden a los actos

inscritos ; a cuyo fin se consigna el principio general de que éstos últimos

producirán efecto legal, en perjuicio de tercero, sólo desde la fecha de

su inscripción, sin que puedan invalidarlos otros actos anteriores o

posteriores no registrados... (y) como consecuencia del mismo principio se

deroga la legislación vigente sobre los efectos de la no inscripción de la

escritura de Sociedad... declarando, en armonía con la teoría general del

Registro territorial, que estos contratos surtirán efecto entre los otorgantes,

pero no en perjuicio de tercero, quien sin embargo podrá utilizarlos en

lo que le sean favorables". Además, la afirmación de que el Registro

Mercantil constituye la única prueba de la existencia del estado civil de las

sociedades resultaba contradicha por el originario texto del artículo 24,

que permitía al tercero reputar como existente la sociedad no inscrita

para todo lo que le fuera favorable.

B) El argumento lógico: "... siendo evidente que la trascendencia "erga

omnes" de la atribución de personalidad jurídica reclama que su concesión

se produzca respecto de todos en un momento preciso y determinado,

en la medida en que esa personificación de la sociedad civil dependa

de la publicidad de los pactos sociales, habrá de concluirse que no bastará

la simple "publicidad" de hecho, esto es la simple posibilidad de hecho

que unos u otros terceros puedan haber tenido, con más o menos trabas,

para conocer -quizás de modo fragmentario y casual- los pactos sociales

y sus modificaciones -acceso a la información que siempre sería

problemática- sino la posibilidad legal de conocimiento por todos, desde el

momento inicial y al margen, ya, de la voluntad de los socios, y ello sólo

se garantiza mediante el acceso de los pactos sociales a un instrumento

oficial de publicidad establecido al efecto por la Ley, el cual dará fe tanto

de la existencia como del completo régimen normativo aplicable al nuevo

ente (adviértase, en este sentido, que el artículo 1.669 del Código Civil

no se conforma únicamente con la publicidad del hecho societario, sino

que precisaría la de los concretos pactos sociales que estructuran la

sociedad y regulan su funcionamiento)... ".

No es necesario decidir ahora si el nacimiento de la personalidad

jurídica de la sociedad civil exige la publicidad de hecho de la existencia

de ese nuevo ente o si, como entienden algunos autores, es suficiente

la voluntad contractual de los socios de constituir una sociedad externa

que participe en el tráfico jurídico como sujeto. En cualquier caso, la

exigencia de publicidad habría de ser referida a la existencia de la misma

sociedad y no a los pactos sociales ; lo que importa a los que se relacionan

con ella es que se exteriorice el vínculo societario, de suerte que al contratar

con quien actúa "nomine societatis" conozca que la relación obligatoria

se entabla con el ente personificado. De este modo, producida tal

exteriorización (o, según algunos autores, desde que existe la voluntad

contractual de constituir la entidad colectiva como sujeto de derecho) nace

ya la personalidad jurídica ; cuestión distinta será que, en caso de que

se exteriorice frente a unos y no frente a otros, sólo a los primeros pueda

ser oponible (cfr. artículo 1.698, párrafo segundo, del Código Civil, según

el cual la sociedad no queda obligada respecto de terceros pos actos que

un socio haya realizado en su propio nombre o sin poder ; pero no afecta

a la personalidad jurídica de aquélla). El conocimiento de los pactos

sociales -o la posibilidad de conocerlos- resulta relevante respecto de la

oponibilidad de los mismos (y en éste ámbito, debe equipararse los efectos

que tendría la publicidad registral y los derivados del conocimiento

extrarregistral de los pactos) y no es decisivo para determinar si existe

o no personalidad jurídica.

Por otra parte, la norma del artículo 1.699 del Código Civil concede

relevancia externa al vínculo social, al establecer una afectación del

patrimonio social a favor de unos acreedores que lo son del grupo unificado,

como sujeto de derecho ("Los acreedores de la sociedad son preferentes

a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales..."), ya que, de

no gozar de personalidad jurídica, se trataría de acreedores de los

comuneros, como ocurriría en caso de faltar esa personificación, por aplicación

de las normas de la comunidad de bienes a las que se remite el artículo 1.669

del mismo Código.

C) El argumento histórico: "... admitiendo que los artículos 1.669

y 1.670 son preceptos complementarios que abarcan todas las sociedades

civiles (éste para las que son inscribibles en el Registro Mercantil por

la forma adoptada, y aquél para las restantes sociedades civiles que por

quedar excluidas del Registro Mercantil mantendrán sus pactos reservados

entre los socios), encuentra plena coherencia su introducción conjunta

en el texto del Código Civil, al mismo tiempo que se suprimía el artículo 5

del título dedicado a las sociedades en el Anteproyecto del Código Civil,

que de modo absoluto negaba la personalidad jurídica de la sociedad civil

(no se trataría de cambiar radicalmente este criterio contrario a la

personalidad jurídica de la sociedad civil, sino únicamente de excepcionarlo

para las sociedades civiles inscribibles en el Registro Mercantil,

confirmándolos para los restantes, a la vez que recalcaban las consecuencias

jurídicas generales de la negación de personalidad, de ahí la proximidad

del contenido entre el artículo 1669 vigente y el artículo 55 del título

dedicado a la sociedad en el Anteproyecto del Código Civil de 1882-1888)...".

Como se ha puesto de relieve por algún comentarista, los artículos 1.669

y 1.670 carecen de precedentes en el Anteproyecto del Código Civil (y

tampoco se encuentran para los artículos 35 a 39 del Código Civil, aparte

el artículo 26 de aquél -equivalente al artículo 33 del Proyecto de 1851,

con la diferencia de que éste emplea la expresión "persona moral"-: "las

corporaciones, establecimientos y asociaciones reconocidas por la ley se

considerarán personas jurídicas para el ejercicio de los derechos civiles").

Y el artículo 55 del mencionado Anteproyecto de 1882-1888 no puede

entenderse en el sentido de que las sociedades civiles no contempladas en el

vigente artículo 1.670 se rijan por las disposiciones de la comunidad de

bienes, sino que se limitaba a establecer una clasificación de las

"asociaciones": Por una parte, las que constituyen una sociedad civil en el

sentido del actual artículo 1.665 y que se regularían por las disposiciones

del Título primero del Anteproyecto (coincidentes con las del actual

Título VIII, salvo la negación de personalidad jurídica que contenía el

artículo 5) ; por otra parte, las asociaciones con personalidad jurídica

reguladas en el Título segundo, que recogía una regulación general de las

asociaciones civiles de estructura corporativa dotadas de personalidad, y que

era aplicable a ciertas sociedades civiles dotadas de personalidad jurídica

(cfr. artículos 47 y 49, párrafo segundo) ; y por último, las restantes

asociaciones, que se regirían por las disposiciones de la comunidad de bienes.

Así, suprimido el mencionado artículo 5 y sustituido el Título segundo

por las normas de los vigentes artículos 1.669 y 1.670, se ha venido

entendiendo, con casi unanimidad doctrinal, que las sociedades a las que no

fueran aplicables dichos preceptos tienen personalidad jurídica propia,

con los efectos establecidos en el artículo 38 del Código Civil, sin que

se rijan por las disposiciones de la comunidad de bienes (En el mismo

sentido, cfr., por todas, la Sentencia del Tribunal Supremo de 31 de mayo

de 1994).

D) El argumento sociológico: Se añade que la solución propugnada

"... responde, además, a las necesidades de la realidad social y coordina

con las tendencias de la nueva legislación. Con la exigencia de escritura

pública e inscripción en el Registro Mercantil para que las sociedades

civiles por el objeto a que se consagren, puedan ganar personalidad jurídica,

se contribuye a dar seguridad, también en el ámbito civil, a las relaciones

jurídicas a través del control de legalidad que esos requisitos comportan

y, en particular, a través de la publicidad registral. Por otra parte, la

exigencia, en los fenómenos de personificación jurídica, del requisito de

publicidad entendida como constancia oficial en un registro público,

constituye una constante de nuestro ordenamiento ya desde la propia época

de la codificación (cfr. artículos 22, 25 a 31 del Código de Comercio de 1829 ;

119 del Código de Comercio de 1885 ; artículos 4 y siguientes de la Ley

de Asociaciones de 30 de junio de 1887 ; 5 de la Ley de 24 de diciembre

de 1964 ; 2 de la Ley 54/1978), en incluso después del propio texto

constitucional (cfr. artículos 5 de la Ley 54/1980, de Libertad Religiosa ; 6 de

la Ley 3/1987, de 2 de abril, General de Cooperativas ; 7 de la Ley 12/1991,

de 29 de abril, de Agrupaciones de Interés Económico). En fin, el

sometimiento de las sociedades de lucro, sea su objeto civil o mercantil, a

una misma disciplina en cuanto a exigencias de constitución para tener

personalidad jurídica, coordina con la tendencia, manifiesta en múltiples

leyes, hacia la consecución de una cierta unificación del estatuto del

empresario y de la empresa, sin distinguir entre empresas mercantiles y no

mercantiles (así en el régimen de inscripción en el Registro Mercantil,

en la legislación sobre contabilidad, defensa de la competencia, publicidad

de los productos o servicios, competencia desleal, agrupaciones de interés

económico, arrendamientos urbanos para uso distinto de vivienda, etc.)".

Es cierto que la seguridad jurídica ganaría con la inscripción de las

sociedades civiles en un registro específico. Pero el establecimiento de

la publicidad registral -tan provechosa para terceros y, por ende, para

la misma sociedad que haya de relacionarse con ellos- respecto de las

sociedades civiles que no revistan forma mercantil, así como la

subordinación del reconocimiento de personalidad jurídica de aquéllas a dicha

publicidad requieren ineluctablemente una norma de rango legal que así

lo imponga (cfr. la Sentencia del Tribunal Supremo -Sala Tercera- de

24 de febrero de 2000, que declara nulos los artículos 81 y 269 bis del

Reglamento del Registro Mercantil, redactados por la disposición adicional

del Real Decreto 1867/1998, de 8 de septiembre, que permitían la

inscripción en dicho Registro de las sociedades civiles que no tuvieran forma

mercantil).

Por otro lado, y aparte consideraciones "de lege ferenda", debe

advertirse que en la realidad existen grupos instrumentalmente unificados, que

actúan en el tráfico como entidades colectivas, respecto de los cuales no

puede entenderse que la negación de su personalidad jurídica sea el

remedio más eficaz para la resolución de las cuestiones que en tales casos

pueden suscitarse. Buen ejemplo de ello son los supuestos a los que se

refieren normas a las que ya se ha hecho referencia en el apartado A)

del presente fundamento de derecho y el en fundamento anterior

(artículos 87.2, 91.1 y 92.1 de la Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada ;

artículos 15 y 16.2 de la Ley de Sociedades Anónimas, a los que remiten

los artículos 152 del Código de Comercio y 11.3 de la Ley de Sociedades

de Responsabilidad Limitadas ; y artículos 1, 7.2 y 22.1 de la Ley de

Agrupaciones de Interés Económico) y que no cabe desconocer.

6. De cuanto antecede resulta que el defecto invocado por el

Registrador en la nota de calificación no puede ser mantenido, toda vez que

no puede negarse la personalidad jurídica de una sociedad civil, aunque

no revista forma mercantil, a los efectos de figurar como titular registral

de determinado inmueble por ella adquirido mediante escritura pública

de compraventa. Cuestión distinta es la relativa a la forma en que dicha

personalidad y la correspondiente representación deben acreditarse a la

hora de solicitar la inscripción de dicha adquisición, habida cuenta de

lo establecido en los artículos 1.667, 1.668 y 1.280, números 1y 5del

Código Civil, de los que resultaría, que al tratarse de una sociedad a la

que en el momento de constituirse se han aportado bienes inmuebles y

al actuar en nombre de aquélla los administradores solidarios nombrados

mediante el documento privado de constitución de la misma, la

inobservancia del requisito de la escritura pública debería conducir a la conclusión

de que tales extremos (personalidad y poder de representación) no han

sido acreditados. Lo que ocurre es que, tales objeciones no han sido

invocadas en la nota de calificación y, aunque en parte han sido posteriormente

puestas de relieve en el informe del Registrador, no puede ahora decidirse

sobra ellas por no haber sido notificadas al recurrente con posibilidad

de ampliar su recurso a tales objeciones (cfr. la Resolución de 13 de abril

de 1999).

Esta Dirección General ha acordado desestimar el recurso, con

revocación de la nota y confirmación del auto apelado, en los términos que

resultan de los precedentes fundamentos de derecho, sin perjuicio de la

facultad que al Registrador atribuye el artículo 127 del Reglamento

Hipotecario.

Madrid, 14 de febrero de 2001.-La Directora general, Ana López-Monís

Gallego.

Excmo. Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

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