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<documento fecha_actualizacion="20181023231632">
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    <identificador>DOUE-L-1996-81157</identificador>
    <origen_legislativo codigo="3">Europeo</origen_legislativo>
    <departamento codigo="9000">Comunidades Europeas</departamento>
    <rango codigo="1210">Recomendación</rango>
    <fecha_disposicion>19960708</fecha_disposicion>
    <numero_oficial>431/1996</numero_oficial>
    <titulo>Recomendación del Consejo, de 8 de julio de 1996, sobre las orientaciones generales para las políticas económicas de los estados miembros y de la Comunidad.</titulo>
    <diario codigo="DOUE">Diario Oficial de las Comunidades Europeas</diario>
    <fecha_publicacion>19960718</fecha_publicacion>
    <diario_numero>179</diario_numero>
    <seccion>L</seccion>
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    <pagina_inicial>46</pagina_inicial>
    <pagina_final>50</pagina_final>
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    <url_pdf>/doue/1996/179/L00046-00050.pdf</url_pdf>
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      <materia codigo="2483" orden="1">Desempleo</materia>
      <materia codigo="2495" orden="2">Deuda Pública</materia>
      <materia codigo="5645" orden="3">Política económica</materia>
      <materia codigo="7001" orden="4">Unión Europea</materia>
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  <texto>
    <p class="parrafo">EL CONSEJO DE LA UNION EUROPEA,</p>
    <p class="parrafo">Visto  el  Tratado  constitutivo  de  la  Comunidad Europea y, en particular, el apartado 2 de su artículo 103,</p>
    <p class="parrafo">Vista la recomendación de la Comisión,</p>
    <p class="parrafo">Visto el dictamen del Comité Monetario,</p>
    <p class="parrafo">Vistas  las  conclusiones  del  Consejo Europeo de Florencia de los días 21 y de 22 de junio de 1996,</p>
    <p class="parrafo">RECOMIENDA:</p>
    <p class="parrafo">1. Principales objetivos y orientaciones generales</p>
    <p class="parrafo">Contrariamente  a  cuanto  se  esperaba  en  el  momento  de  la adopción de las Orientaciones   Generales   de   Política   Económica   de  1995,  la  actividad económica  de  la  Comunidad  ha  disminuido  considerablemente  en  los últimos doce  meses,  al  tiempo  que  el  desempleo  aumentaba  nuevamente.  Si bien la inflación  disminuyó  globalmente,  tal  como se había previsto, y se incrementó la  convergencia  de  precios,  no  se  avanzó  con  la suficiente rapidez hacia unas  finanzas  públicas  más  sanas por las dificultades que originó la baja de la coyuntura económica.</p>
    <p class="parrafo">Así  pues,  la  Comunidad  no logró avanzar significativamente en la realización de  importantes  objetivos  económicos,  como los previstos en el artículo 2 del Tratado,   a   saber   la   promoción   de   un   crecimiento  sostenible  y  no inflacionista  con  un  alto  nivel  de  empleo.  El ambiente de menor confianza que  se  palpa  actualmente  en  la  Comunidad es fundamentalmente fruto de esta incapacidad   para  reducir  distancias  entre  las  aspiraciones  al  bienestar económico y social y su realización.</p>
    <p class="parrafo">Sin  embargo,  la  Comunidad  disfruta de magnitudes económicas fundamentales de</p>
    <p class="parrafo">signo  positivo.  La  inflación  se sitúa a un nivel históricamente bajo y sigue disminuyendo,  las  tensiones  en  el  mercado de divisas se han ido suavizando, el  comercio  mundial  se  desarrolla  a  un ritmo saludable, la rentabilidad de las   inversiones   ha  mejorado  y,  en  términos  generales,  es  marcadamente superior  a  la  del  segundo  semestre de los años 80. Esos factores, junto con la  caída  de  los  tipos de interés a largo plazo y el fin de la liquidación de existencias,  permiten  centrar  las  expectativas  en  la  reactivación  de  la actividad   económica   en   el  segundo  semestre  de  este  año.  Se  deberían aprovechar    plenamente   las   posibilidades   que   ofrecerá   esa   esperada reactivación  para  alcanzar  el  grado de convergencia necesario para lograr la transición a la Unión Económica y Monetaria el 1 de enero de 1999.</p>
    <p class="parrafo">Para   hacer  frente  a  los  retos  económicos  lanzados  a  la  Comunidad,  es necesario  continuar  con  la  actual  estrategia en política macroeconómica, en particular   en  el  ámbito  del  saneamiento  presupuestario,  y  mantener  una reforma  estructural.  Se  debe  contar  con iniciativas adecuadas, tanto en los mercados  de  bienes  y  servicios  como  en el sector de la reforma del mercado laboral.</p>
    <p class="parrafo">Esencialmente,  pues,  las  presentes  orientaciones  corroboran y refuerzan las recomendaciones  esbozadas  en  los  ejercicios  precedentes. Si esta estrategia no  parece  dar  aún  los  resultados  esperados en toda la Comunidad, es porque no  se  ha  aplicado  con  suficiente  fuerza  y  credibilidad. Por lo tanto, se alienta  a  todas  las  partes  a  que  desarrollen  sus políticas económicas de modo  que  puedan  contribuir  a la realización de los objetivos de la Comunidad (artículo  102  A  del  Tratado),  a  plasmar  en actos lo prometido hace más de dos años y a coordinar mejor sus políticas económicas.</p>
    <p class="parrafo">Ese  último  punto  constituye  algo  más  que  una  obligación estipulada en el Tratado  (artículo  3  A),  es  también  una obligación práctica cada vez de más crucial  importancia  debido  al  incremento  de la integración de las economías de los Estados miembros.</p>
    <p class="parrafo">2.  Combinación  de  políticas  macroeconómicas  favorable  al  crecimiento,  al empleo y a la convergencia</p>
    <p class="parrafo">El  Consejo  reitera  que  la realización de esos objetivos seguirá exigiendo un marco   macroeconómico  estable  a  corto  y  a  medio  plazo,  favorable  a  la inversión caracterizado por:</p>
    <p class="parrafo">-  una  política  monetaria  orientada  hacia la estabilidad cuyo funcionamiento no   se   vea   comprometido   por   una  evolución  presupuestaria  y  salarial inadecuada,</p>
    <p class="parrafo">-  esfuerzos  sostenidos  para  consolidar  las  finanzas públicas de la mayoría de  los  Estados  miembros,  de  conformidad  con los objetivos de sus programas de convergencia,</p>
    <p class="parrafo">-  una  evolución  de  los  salarios  nominales compatible con el objetivo de la estabilidad  de  precios;  al  tiempo  que  la  evolución de los salarios reales debería  mantenerse  inferior  al  aumento  de  la productividad para fortalecer la rentabilidad de las inversiones creadoras de empleo.</p>
    <p class="parrafo">Cuanto  más  secundada  esté  la función estabilizadora de la politica monetaria por  una  política  presupuestaria  y  una  evolución de los salarios adaptados, más  las  condiciones  monetarias,  incluidos los tipos de cambio y los tipos de interés a largo plazo, favorecerán el crecimiento y empleo.</p>
    <p class="parrafo">Es  necesario  mantener  a  medio plazo un crecimiento económico importante y no inflacionista para:</p>
    <p class="parrafo">i)  reducir  de  forma  significativa  y duradera el inaceptable y elevado nivel de paro en la Comunidad y luchar contra el aumento de la exclusión social;</p>
    <p class="parrafo">ii)  lograr  la  mejora  necesaria  de la competitividad y, en particular, de la productividad  de  la  economía  comunitaria,  y salvaguardar, en el contexto de una  economía  de  mercado  abierta,  los valores sociales fundamentales propios de la Unión; y</p>
    <p class="parrafo">iii) garantizar el éxito duradero de la Unión Económica y Monetaria.</p>
    <p class="parrafo">A   fin   de  incrementar  tanto  la  credibilidad  del  marco  de  la  política macroeconómica  y  la  eficacia  del proceso de coordinación en la Comunidad, se invita  a  los  Estados  miembros  a  que  presenten  programas  de convergencia actualizados que reflejen un firme compromiso político.</p>
    <p class="parrafo">La  Comisión  intensificará  el  diálogo  con  los interlocutores sociales sobre cuestiones  macroeconómicas.  El  diálogo  social debería también intensificarse a  escala  nacional,  en  la  medida  de  lo  posible  y  teniendo en cuenta las tradiciones existentes.</p>
    <p class="parrafo">3. Estabilidad de precios y de tipos de cambio</p>
    <p class="parrafo">La  creación  y  mantenimiento  de  un  entorno  macroeconómico  estable  es una condición  ineludible  para  lograr  un  crecimiento  sostenido  a  medio plazo. Este  año,  el  promedio  de  inflación en la Comunidad debería descender al dos y medio por ciento. Resultado que debería mejorar el año que viene.</p>
    <p class="parrafo">Actualmente,  diez  Estados  miembros  han  alcanzado  ya  el objetivo fijado en las  anteriores  orientaciones,  es  decir, un índice de inflación (1) de no más del  dos  o  el  tres  por ciento como paso hacia la estabilidad de los precios; en  el  Reino  Unido  la  inflación  se  acerca al tres por ciento. En los siete países   (Bélgica,  Alemania,  Francia,  Luxemburgo,  Países  Bajos,  Austria  y Finlandia)  donde  la  inflación  es inferior al dos por ciento y en Dinamarca e Irlanda  donde  se  sitúa  justo  por  encima  de  ese  valor, la fiabilidad del efecto  antiinflacionista  de  la  política monetaria está en general firmemente establecida  y  no  queda  sino  consolidar  estos  resultados a medio plazo. En Suecia,    donde   la   inflación   ha   disminuido   recientemente   de   forma significativa,  y  en  el  Reino  Unido,  las medidas que se adopten deberían ir dirigidas a la consolidación de los resultados obtenidos.</p>
    <p class="parrafo">Los  países  donde  se  prevé  una inflación entre el tres y el cinco por ciento para  1996  (España,  Portugal  e Italia) deberían intentar reducir la inflación a  menos  del  tres  por  ciento  de  aquí  a  1997.  Portugal,  cuya  inflación descendió  recientemente  y  se  sitúa un poco por debajo del tres por ciento, y España  deberían  seguir  con  sus  políticas actuales para alcanzar el objetivo de  inflación  deseado  en  un  futuro  próximo.  En  Italia es esencialmente la política  fiscal  la  que  determinará  el  ritmo  al  que se avanzará hacia una credibilidad  del  tipo  de  cambio  y  un  afianzamiento de las expectativas de inflación baja.</p>
    <p class="parrafo">A  pesar  del  manifiesto  progreso  de  Grecia en los últimos años, es evidente que  debe  continuar  e  intensificar  sus  esfuerzos.  Para  ello,  debe  hacer especial  hincapié  en  mantener  la  política de corrección fiscal desarrollada estos  últimos  dos  años  y  las  políticas  monetarias  y  de  tipo  de cambio prudentes aplicadas desde principios de los 90.</p>
    <p class="parrafo">Como   ponen   de  relieve  las  anteriores  orientaciones,  todos  los  Estados miembros  deben  seguir  tratando  su  política  de  tipos  de  cambio  como una cuestión  de  interés  común,  en  el  marco  del  Sistema Monetario Europeo. La evolución  de  los  tipos  de  cambio  en 1995 mostró la necesidad de que varios Estados  miembros  adopten  una  política  global  más  verosímil. Las políticas recomendadas  en  estas  orientaciones  contribuirán a ajustar adecuadamente los tipos  de  cambio  en  la  Comunidad. También permitirán que los tipos de cambio resistan   mejor,   en   el   Sistema   Monetario   Europeo,  las  fluctuaciones producidas  por  la  oscilación  de  las  principales  divisas  exteriores. Esas políticas  contribuirían  también  a  crear  las condiciones necesarias para que los  países  que  actualmente  no  participan en el mecanismo de tipos de cambio puedan hacerlo.</p>
    <p class="parrafo">(1)  Calculada  según  el  promedio  en  doce  meses del tipo de variación anual del índice provisional de los precios al consumo.</p>
    <p class="parrafo">4. Finanzas públicas estables</p>
    <p class="parrafo">El  año  pasado  se  logró  en  la  Comunidad  algún, aunque limitado, avance en materia  de  consolidación  fiscal.  Los  deslizamientos  que  se  produjeron en relación   con   los   objetivos   presupuestarios   anunciados   reflejan  sólo parcialmente  la  pérdida  de  impulso del crecimiento. La falta de credibilidad de   las   políticas   presupuestarias   ha   contribuido   ampliamente   a  las turbulencias  monetarias  de  la  primavera  de  1995,  ha  minado  la confianza económica  y  ha  hecho  dudar a los mercados económicos de las posibilidades de realizar el objetivo comunitario de una moneda única.</p>
    <p class="parrafo">Mientras  tanto,  muchos  países  han tomado importantes medidas para sanear sus finanzas  públicas  en  1996  y,  también  en muchos casos, en 1997. Ahora bien, el  estado  todavía  insatisfactorio  de  las  finanzas públicas en la Comunidad debería   hacer   que  los  Estados  miembros  revisaran  y,  llegado  el  caso, incrementaran   sus   programas   de   consolidación   fiscal.   Unos  esfuerzos creíbles,  anunciados  con  antelación  y socialmente equilibrados, destinados a reducir  los  grandes  desequilibrios  presupuestarios,  permitirán restaurar la confianza,  transformar  la  esperada  recuperación en un proceso de crecimiento a  medio  plazo  duradero  y  generador de empleo y pasar a la Unión Económica y Monetaria en buenas condiciones, el 1 de enero de 1999.</p>
    <p class="parrafo">Si   bien   las   condiciones  económicas  actuales  son  menos  favorables  que previsto  cuando  se  adoptaron  las  Orientaciones  de  1995,  no  se justifica optar   por  un  nuevo  retraso  en  el  inevitable  proceso  de  consolidación. Cualquier  retraso  podría  provocar  una  reacción  negativa  de  los  mercados financieros  y  hacer  el  proceso  aún  más difícil en un futuro. Los progresos realizados   este   año   en  cuanto  a  reducción  del  déficit  presupuestario estructural   deben   continuar   y  fortalecerán  la  consolidación  en  cuento mejoren   las   condiciones   cíclicas.   Unas   reducciones   creíbles  y  bien concebidas  del  déficit  presupuestario  producen  confianza  y,  de  ese modo, fortalecen   las   perspectivas  de  crecimiento  y  sirven  así  de  contrapeso -incluso  a  corto  plazo-  al impacto sobre la demanda, siempre que se lleven a cabo en el marco de una política global adecuada.</p>
    <p class="parrafo">A  partir  de  las  medidas  de  ajuste  previstas  hasta  principios de mayo de 1996,  la  necesidad  global  de financiación del sector público en la Comunidad debería  situarse  muy  poco  por  debajo del tres y medio por ciento del PIB en</p>
    <p class="parrafo">1997,  en  comparación  con  el déficit del cinco por ciento de 1995. Casi todos los  Estados  miembros  deberían  intentar  reducir  su déficit presupuestario a como  mucho  el  tres  por  ciento  del PIB en 1997, como paso hacia el objetivo del  equilibrio  a  medio  plazo.  A  ese  respecto resulta alentador que varios países   hayan   anunciado   recientemente  importantes  medidas  de  equilibrio presupuestario y las estén aplicando.</p>
    <p class="parrafo">En  lo  que  se  refiere  a  los  Estados miembros tomados individualmente, tres -Dinamarca,  Irlanda  y  Luxemburgo-  cumplen  ya  el  valor  de  referencia del déficit  público  fijado  en  un  tres  por ciento. Dinamarca e Irlanda deberían orientarse   ahora   hacia  la  realización  de  objetivos  a  medio  plazo  más ambiciosos  que,  en  el  caso  de Dinamarca, figuran en la última versión de su programa de convergencia.</p>
    <p class="parrafo">Italia  necesita  introducir  importantes  medidas  para llevar a cabo y mejorar la   consolidación  presupuestaria  prevista,  que  sigue  siendo  la  principal prioridad  política.  Ante  todo  la  actuación  debe centrarse en luchar contra la  evasión  fiscal,  en  una mayor disciplina presupuestaria de las autoridades locales  y  en  una  creciente  eficacia  de  la  administración pública. Por su parte,    Grecia    debe    seguir    esforzándose    en    numerosos   ámbitos, fundamentalmente  en  la  reducción  de  los gastos corrientes, en continuar las iniciativas de privatización en curso y en ampliar la base de imposición.</p>
    <p class="parrafo">Los   diez   países   restantes   pueden  indudablemente  realizar  el  esfuerzo necesario  para  cumplir  el  valor  de  referencia  del  tres  por  ciento y no deberían  cejar  en  ello.  En  este grupo hay varios países (Alemania, Francia, Austria,  Finlandia  y  Suecia)  que  han  anunciado  este  año  la  adopción  o refuerzo    de    medidas   importantes   para   lograr   reducir   el   déficit presupuestario  a  un  tres  por  ciento,  como  máximo,  del  PIB en 1997. Esos países   deberían,  junto  con  los  Países  Bajos,  aplicar  decididamente  sus programas  de  consolidación  fiscal  y, en su caso, reforzarlos para garantizar plenamente  el  logro  de  sus  objetivos.  El gobierno belga se ha comprometido firmemente   -y   ya  dispone  del  apoyo  necesario  del  parlamento  belga-  a especificar  en  su  presupuesto  de 1997 las medidas necesarias para reducir su déficit  presupuestario  al  tres  por ciento como máximo. En el Reino Unido, se espera  que  las  reducciones  presupuestarias  sustanciales  continúen  durante los  próximos  dos  años  debido  principalmente  a  las restricciones de gastos previstas.  No  obstante,  para  respetar  el  objetivo del tres por ciento para 1997,  es  importante  tomar  medidas para mantener el nivel de gastos previsto, para  así  compensar  a  un  tiempo el deslizamiento fiscal de 1995 y una mejora presupuestaria  a  corto  plazo  menor  de  lo  que  se  había  previsto, debido principalmente   a  un  crecimiento  más  débil  que  el  esperado.  Finalmente, España    y   Portugal   deben   aplicar   con   determinación   el   componente presupuestario de los programas de convergencia.</p>
    <p class="parrafo">Si   bien  el  alcance,  el  calendario  y  la  concepción  de  las  medidas  de consolidación  deben  adaptarse  a  las condiciones específicas de cada país, en las   orientaciones  anteriores  se  definieron  algunos  principios  generales. Entre ellos:</p>
    <p class="parrafo">i)   frenar  el  aumento  del  gasto  que  suele  considerarse  una  opción  más verosímil  y  eficaz  que  seguir  incrementando la presión fiscal global. Entre los   problemas   por  solucionar  destaca  la  necesidad  de  sanear  de  forma</p>
    <p class="parrafo">sostenible  la  financiación  en  los  pensiones,  reducir  el  aumento  de  los gastos  sanitarios  y  limitar  las  subvenciones costosas que crean distorsión; ii)  reorientar  al  máximo  el gasto público hacia actividades productivas como la  inversión  en  infraestructuras,  los  recursos humanos y la política activa del  empleo,  sin  por  ello  comprometer  la necesaria reducción de los déficit presupuestarios;  iii)  mejorar  la  eficacia  de  los servicios públicos, entre otras  cosas  flexibilizando  la  gestión,  ofreciendo  mejores incentivos a los empleados  públicos  y,  en  algunos casos, recurriendo más a la privatización y a  los  cánones  al  usuario en la medida en que los Estados miembros consideren que  ello  es  compatible  con  sus  objetivos; iv) velar por que no se produzca una  reducción  de  la  presión  fiscal  global,  deseable  en la mayoría de los Estados  miembros,  mientras  la  reducción  del  déficit presupuestario no esté afianzada.</p>
    <p class="parrafo">Igual  que  a  los  Estados  miembros,  se  invita a la Comunidad a que mantenga una   estricta   disciplina   presupuestaria.   Por   consiguiente,   la  propia Comunidad   debería   adoptar   una  postura  prudente  hacia  las  perspectivas financieras  ya  definidas:  esas  perspectivas  establecen límites máximos y no objetivos.</p>
    <p class="parrafo">5. Mejor funcionamiento de los mercados de bienes y servicios</p>
    <p class="parrafo">Para  estimular  el  crecimiento  y,  por  lo  tanto, el empleo al tiempo que se mantiene  un  índice  bajo  de  inflación,  es  esencial que las medidas de tipo macroeconómico   vayan   acompañadas   de   medidas   destinadas  a  mejorar  el funcionamiento  de  los  mercados  de  bienes  y servicios en general, a generar una  mayor  competitividad  y  a  flexibilizar  el  mecanismo  de los precios en particular.  La  realización  de  esos  objetivos  exigirá  esencialmente que se refuercen  de  nuevo  las  políticas de competencia y la reducción de las ayudas estatales  respetando  plenamente  los  objetivos del artículo 130 A del Tratado sobre cohesión económica y social.</p>
    <p class="parrafo">También   resulta  crucial  explotar  al  máximo  las  capacidades  del  mercado interior  en  un  entorno  competitivo abierto, incorporando al Derecho nacional y  aplicando  efectivamente  la  legislación  del mercado único. En los sectores en  los  que  dicha  incorporación está retrasada es necesario hacer un esfuerzo particular  para  presentar  todas  las propuestas pertinentes a los parlamentos nacionales antes de que acabe 1996.</p>
    <p class="parrafo">Con  miras  a  fomentar  la  competitividad  de la Comunidad, deberían adoptarse rápidamente   medidas   destinadas   a   alentar  la  innovación,  facilitar  la emergencia  de  la  sociedad  de  la  información  y crear un entorno de trabajo más propicio a la iniciativa y al desarrollo de las PYME.</p>
    <p class="parrafo">Evidentemente,   en   esos   ámbitos   cada  uno  de  los  Estados  miembros  en particular  tiene  una  función  clave.  No  obstante,  llegado  el  caso pueden apoyarse    iniciativas   nacionales,   de   conformidad   con   las   presentes orientaciones,  mediante  acciones  a  escala  comunitaria.  La Comisión debería también   seguir   con  su  política  para  mejorar  la  competitividad  en  los mercados   de   la   Unión.   Finalmente,  para  incrementar  su  eficacia,  las políticas  medioambientales  deberían  fundarse  en  más instrumentos basados en el  mercado,  incluidos  los  instrumentos  fiscales,  tanto  a  nivel  nacional como,  si  resulta  necesaria  una  actuación  a  escala  de  la  Unión, a nivel comunitario.</p>
    <p class="parrafo">6. Fomentar el empleo y las reformas del mercado laboral</p>
    <p class="parrafo">Más  de  dos  años  y  medio  después  de  la publicación del Libro blanco de la Comisión  sobre  crecimiento,  competitividad  y  empleo  y una vez aplicada por algún  tiempo  la  estrategia  de  Essen  para favorecer el empleo, la Comunidad se   encuentra   con  resultados  deprimentes  para  ese  período.  Si  bien  la recuperación  esperada  conllevará  la  creación de empleos y cambiará la actual tendencia  al  alza  del  paro,  es  muy posible que la Comunidad cuente todavía con  más  de  diecisiete  millones de parados en 1997. Para mejorar la situación del  empleo  de  manera  sostenida  y  significativa  se  necesita, además de un crecimiento  económico  importante  y  duradero y de mercados eficaces de bienes y servicios un amplio abanico de reformas en el mercado laboral.</p>
    <p class="parrafo">La  eliminación  de  las  rigideces existentes y la mejora del funcionamiento de los  mercados  laborales  forman  el  núcleo  de  los  esfuerzos nacionales para garantizar  un  mayor  crecimiento  libre de tensiones a medio plazo y un modelo de  crecimiento  con  más  creación  de  empleo.  Los  Estados  miembros  se han esforzado   por   reformar   sus   mercados  laborales.  Hay  que  alentarles  a intensificar   sus   acciones  al  tiempo  que  velan  por  que  el  sistema  de protección  social  sea  justo  y  eficaz. La aplicación de políticas destinadas a  mejorar  la  movilidad  profesional  y  geográfica de la población activa y a incrementar  la  eficacia  de  los  servicios  de  empleo  debería  reducir  los cuellos   de  botella  que  pueden  interrumpir  prematuramente  el  proceso  de crecimiento.</p>
    <p class="parrafo">Hay  que  aplicar  políticas  adecuadas  para  adaptar todo el sistema educativo incluida  la  formación  profesional  a  las  necesidades  del  mercado  y  a la mejora  de  los  recursos  humanos,  fomentando  así el potencial de crecimiento económico.  Para  ello  convendría  mejorar prioritariamente la capacidad de los parados  para  encontrar  un  empleo,  en  particular  de  la  mano de obra poco cualificada  y  sin  experiencia,  y reducir el desajuste de las cualificaciones con   el   mercado   laboral,   ofreciendo   formaciones  más  adaptadas  a  las cambiantes   necesidades  del  mercado.  Se  debería  también  prestar  especial atención  a  incrementar  las  perspectivas  de  empleo  de los jóvenes y de las mujeres.</p>
    <p class="parrafo">Deberá  fomentarse  un  mayor  incremento  del empleo manteniendo las tendencias adecuadas  en  lo  relativo  al nivel medio de los salarios y, en algunos casos, haciendo  que  los  salarios  reflejen  mejor  las diferencias de productividad. En  la  medida  de  lo  posible  deberían reducirse los costes no salariales del trabajo  para  estimular  el  empleo.  Se  debería  intentar incentivar de forma compatible   con   estas   orientaciones,   el   empleo   de   categorías   poco favorecidas,  en  particular  los  parados  de  larga duración y la mano de obra poco  cualificada.  Las  adaptaciones  realizadas  en  pro  del interés común de las  empresas  y  los  trabajadores,  en  todo  lo  referente  al horario y a la organización   del   trabajo,  ayudarán  también  en  ese  sentido.  Finalmente, habría  que  fomentar  las  iniciativas locales y regionales en el sector de los nuevos  servicios  que  incluyen  una  gran  capacidad de mano de obra, como las mencionadas  en  la  Comunicación  de  la  Comisión sobre una estrategia europea para fomentar las iniciativas locales de desarrollo y empleo.</p>
    <p class="parrafo">La  estrategia  comunitaria.  común  para  el empleo establecida por primera vez en  el  Consejo  Europeo  de Essen y posteriormente en los de Cannes y de Madrid</p>
    <p class="parrafo">recoge  todos  los  puntos  anteriores.  A  ese  respecto, se debe continuar con los   programas  multianuales  de  empleo  de  los  Estados  miembros  para  que resulten  eficaces  en  el  sector  de  la política del mercado laboral. Además, la  Comisión  continuará  con  su  iniciativa  de  movilizar  a todas las partes alrededor de la prioridad absoluta, que es la lucha contra el paro.</p>
    <p class="parrafo">Hecho en Bruselas, el 8 de julio de 1996.</p>
    <p class="parrafo">Por el Consejo</p>
    <p class="parrafo">El Presidente</p>
    <p class="parrafo">R. QUINN</p>
  </texto>
</documento>
